vida encontrada en la guitarra



Como Camilo venía cantando empíricamente desde muy pequeño (le cataba a los amigos de su papá las rancheras de Vicente Fernández), empezó a sacar las canciones a oído. La primera fue Cantares, de Joan Manuel Serrat. Aunque inicialmente comenzó tocando en iglesias, rápidamente descubrió que en los buses podía encontrar un buen público dispuesto a pagar por escucharlo cantar. Durante 14 largos años, los buses fueron su escenario y Camilo aprovechó para casarse, ser padre y estudiar publicidad. Ganó varios concursos, entre ellos el Festival La nota, exclusivo para músicos que trabajaban en los buses en Bogotá.

Nosotros, en el momento, creamos una cultura de que los que cantábamos en los buses nos vestíamos bien y teníamos buenas guitarras. Ganábamos muy bien, fue una experiencia bonita.
Caminante inagotable, Camilo lo dejó todo por pisar nuevas tierras; se fue a un viaje por Suramérica con su guitarra al hombro y 20.000 pesos en el bolsillo. Ecuador, Perú, Bolivia y Chile fueron algunos de los países que recorrió, “echando dedo” y cantando.

Se casó muy joven, tuvo un hijo (Christian), se separó por un tiempo, tuvo otro hijo (Joshua). Volvió con su primera esposa pero enviudó y la madre de su segundo hijo, se lo dejó, así que Camilo tuvo que encargarse de ser padre y madre, por lo que su vida dio un giro. Las responsabilidades paternales empezaron a hacerse prioridad, entonces incursionó en los bares proponiendo música en vivo. ¡Todo un padre soltero

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